Concurso FECOGA. ¿Cuándo comencé a escribir?

 

En 2013 ganó el «III Concurso FECOGA de relatos cortos de gastronomía».


Tuve el honor de recibir en La Federación de cofradías gastronómicas de San Sebastián, el premio.  Además, nos prepararon una comida exquisita.

En las bases se pedía una relación que tuviera como tema principal la gastronomía, también debía ser original e inédito.  El trabajo resultante fue  La señora cebolla . 

En la foto estoy con Angelita Alfaro, presentadora de algunos programas de Canal Cocina. Muestro un regalo que me hizo: uno de sus libros culinarios dedicado por ella y que atesoro con cariño. Además, está Luis Mokoroa, que posa con un delantal del programa de Angelita y reconoció el acceso en nombre de su hijo (cuyo relato es muy emotivo).

Este es un fragmento del mío:


LA SEÑORA CEBOLLA 

                                                ROSA REBOREDO GÓMEZ  

ILUSTRACIÓN: AINARA OSINALDE

 ―Bueno, señora cocinillas ―dije con sorna a la cebolla― mi abuela está bien. ¡Vamos a cocinar!

―¡Bien, Cris! Así se habla. Primero vamos a picar el ajo en trocitos y la cebolla en trozos un poco mayores. A continuación ponemos un chorrito de aceite en una sartén, lo dejamos calentar un poco y le echamos el ajo y la cebolla.

Todos estos trocitos se pusieron de repente a bailar, se quedaron con la boca abierta y pensé: ¡adiós comida!  Pero me equivocaba, los trozos de ajo y de cebolla bailaban, sí, pero en dirección a la sartén. Parecía una coreografía de Esther Williams. Una vez fueron todos dentro, los dejamos pochar. Luego retiramos la sartén del fuego y la dejamos enfriar un poco. Mientras tanto, comencé a trocear los pimientos hasta que la señora cebolla me dijo que parase. Añadí al ajo y cebolla de la sartén, un poco de pimentón dulce y un poquito de picante. Esta sartén con su contenido lo reservamos, sobre una tabla, lejos de la zona de cocción y trabajo, para que no nos moleste.

Cogí una buena olla y le puse otro chorrito de aceite. En cuanto empezó a calentarse un poco, allá se fueron los pimientos bailando; lo mismo hizo la zanahoria, el pimiento choricero (que habíamos tenido un poquito en remojo), las lentejas, la patata, la hoja de laurel y los clavos. La encimera de la cocina era una auténtica fiesta, daba gusto ver cómo se movía la hoja de laurel, con ese porte, y ver a todas las lentejas al unísono era de lo más gracioso. Nunca había visto algo parecido y me dije que la próxima vez, tenía que grabar ese espectáculo.  Una vez fueron todos a la olla, la señora cebolla me dijo que pusiese agua hasta cubrirlo todo. También eché el contenido de la sartén, que limpié bien con una cuchara de madera (para que no se estropee el fondo de la sartén) y un poco de sal.

- ¡Ya estás!―dijo la cebolla.

―Pues no es tan difícil.

No. La cocina lleva un poco de tiempo y un mucho de cariño, si se puede decir así. Ahora lo removemos todo y lo dejamos a fuego suave veinte o treinta minutos, más o menos, para que todos los ingredientes se cocinen y tomen el sabor de los demás. De vez en cuando tienes que removerlo para evitar que se pegue la comida al fondo y listo.

En ese momento entró Ana (mi hermana) en la cocina.


   ¿Cuándo comencé a escribir?

De niña ya había realizado alguna incursión en el mundo de la escritura. En Lugo, cuando estudiaba decoración de interiores, me presenté a un concurso vinculado con el aeropuerto de Rozas y quedé finalista. 

Pero fue a principios del 2012 cuando leí  las bases para un concurso. Tentada por el reto de escribir sobre un tema impuesto y encantada por la idea de tener que investigar, comencé esta andadura literaria, de escribir relatos.  En las primeras semanas recibí el  premio de FECOGA, la Federación de cofradías gastronómicas del País Vasco. 

¡Cómo disfruté con su comida! 



Así nacieron relatos como: La señora cebolla , escrito para este concurso, relacionado con el mundo de la gastronomía; María y la montaña de Arla , para otro de temas vinculados al montañismo, o Gardel y Gardel, convocado para conmemorar el 80 aniversario de la desaparición física de Carlos Gardel.

Hay más y también microrrelatos. Muchos quedan para la posteridad en antologías compartidas con otros escritores.

Cuando me lancé a escribir novelas, empecé con literatura erótica. Ya atesoro tres y otra está en proceso. Pero la primera que me publicaron pertenece al género juvenil: La biblioteca de noche. Nació de un relato presentado a un concurso de Vigo, que fue creciendo hasta convertirse en la historia que es.

La segunda parte está escrita. Han pasado cinco años, los jóvenes ya son universitarios y el grupo de amigos sigue ampliándose. Tanto las aventuras como sus relaciones personales son diferentes a las del primer libro, eran más jóvenes.

Aunque trabajo sobre varios cuentos infantiles, tuve que pararlos debido a mi interés por formarme con un escritor publicado nada menos que en ocho países: Teo Palacios.

Como contrapartida, he hecho amigos con los que comparto inquietudes literarias y tenemos varios proyectos en marcha. Entre ellos se encuentra un hermoso libro de veinticinco relatos, cuyo nexo es: El poder de las palabras , recientemente publicado en Amazon. De esta amistad nació también Desde la oscuridad, otra antología esta de terror, suspense...

 

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